El Fútbol quedó atrapado en un siniestro juego social que provoca que los hechos lúdicos sean juzgados moralmente. El futbolista, el entrenador, las palabras, los gestos, los silencios, las opiniones personales, todo es sometido a un absurdo tribunal comunitario que equipara la pericia deportiva con los valores éticos.
En estos tiempos de valores “desvalorizados”, el fútbol castiga o absuelve según el dictamen del resultado. El resultado justifica todo, no hay lugar para los análisis o las intenciones, todo es éxito rotundo o fracaso inapelable. La lupa sobre el error y la ceguera sobre el juego; críticos inmorales y moralistas criticadores desde los medios de “incomunicación” encienden la hoguera. Y las redes “antisociales” tiran leña al fuego, para dar inicio a un irracional linchamiento colectivo.
Pantallas que controlan y que castigan un gol errado, un pase mal dado, un festejo, una respuesta sacada de contexto. Extraña paradoja: los hinchas hablan como cronistas y los periodistas actúan como hinchas, y algunos hasta como barras bravas.
Primero ganen, y luego existen. La obligación de ganar para subsistir, la fama, el dinero y los intereses encierran al juego en la celda de los miedos; temor a arriesgar, pánico a equivocarse, terror a la guillotina virtual, o la condena viral. Los miedos han ido instalando un fútbol resultadista y mezquino, a puro vértigo y rigor táctico, donde el ruido de la derrota tiene más resonancia que el sonido de la honradez.
Protagonistas complacientes, berrinches de hinchas malcriados, mercaderes del escándalo y voceros de la industria todos gambetean su responsabilidad, tiran la pelota afuera, nadie se hace cargo, ninguno perdona; todos se suben a la tribuna moralista donde los necios gritan y reclaman.
Apasionados desapasionados que señalan con el dedo acusador el error ajeno y ocultan sus propias miserias. Ideología exitista de un mundo globalizado que busca redimir sus frustraciones diarias con la pelota. Moraleja de los indignados; daría la impresión que, hoy en día, los asuntos del Fútbol… tienen una dignidad que la vida cotidiana no conoce.